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Quisiera…


Quisiera tener…

…la fortaleza admirable de mi padre.

…la valentía impresionante de mi madre.

…la generosidad eterna de mi hermano.

…la bondad sin límites de mi esposo.

…la alegría cascabelera de mi suegra.

…la empatía entrañable de mi cuñada.

…la palabra “cuca” bien cerca, cuando me la dicen mis tías con una sonrisa.

Y también…

quisiera tener siempre la amistad de mis amigos.

Sois la espina dorsal de mis días:-)

Y tú, ¿qué quisieras tener?


Y no solo porque los vendedores son amables y simpáticos a más no poder, y porque sus productos son la caña, sino también porque son “pet friendly”, es decir, porque admiten animales.

Y bueno, puestos a admitir, ¿por qué discriminar? Ahí va lo que me encontré. Algunos no estaban tan contentos, pero…¡hey, yo me he topado con gente que huele peor que una cabra, en serio! (Y uno de ellos en un viaje dentro de un avión).

¿Se pasan los de Apple? Yo digo que no, que la cabrica era muy mona.


Después de unas creo que merecidas vacaciones retomo mi actividad bloguera con un tema que no sé si me da más pena, más rabia o más tristeza y que, aunque estaba en letargo, se activó el viernes cuando paseaba por Chinatown.

En medio de mi parloteo y buscando de reojo una pastelería, me topé con una especie de tienda “Todo a cien”, baratilla y cutre a más no poder. Entre productos de limpieza, peines y cremas para tintar el pelo, me encontré un cartelito que anunciaba los servicios de un notario. Sí, aquí los notarios no son dioses del olimpo que bajan con su pluma mientras te tiembla la cartera, de hecho es una profesión de lo más corriente: un verificador, nada más.

Viendo esto, me viene a la mente el sufrimiento de los pobres opositores en España. No hablo solo de los que aspiran a ser notarios, sino de todos en general. Y yo me pregunto: ¿hasta cuándo vamos a seguir en España este sistema de oposición ridículo y obsoleto, destinado a medir la memoria, la velocidad de las palabras y el aguante psicológico del opositor? Hoy día la memoria ya no ocupa el lugar privilegiado de antaño, pues la información está a un clic de ratón. ¿No sería más lógico optar por un sistema de oposición que midiera la competencia del opositor? Ah, y que fuera anónimo, a ver si acabamos con los benditos enchufes (¡qué gran falta de respeto!). Y bueno, por pedir que no quede, añado un deseo más: que la gente que evalúa sepa evaluar, que eso de poner un 4.95 en un oral roza la crueldad y el mal gusto, además de la estupidez.

Nota: no hablo desde el resentimiento, ya que jamás oposité en España, sino desde el asombro que me produce que nadie se dé cuenta de la chapuza opositeril de España.

Nota 2: por favor, si estoy equivocada, decídmelo, quizás estoy viendo las cosas desde al ángulo equivocado.

Os dejo la fotito del notario neoyorquino.


Ya lo sé, long time no see, ya era hora de que me dejara caer por aquí. Cuestión de salud, no de falta de ganas. No es que ande muy fina, pero no quería dejar de dedicar una entrada al tesoro cinematográfico más agridulcemente intenso y que más fuertemente me ha sacudido en la útima década. He tardado casi un mes en recuperarme de la convulsión humana (qué dolor) y artística (qué delicia) que ha supuesto ver esta película: Incendies.

Hay dos momentos particulares en la película que me han mordido la retina y el oído de tal manera que dudo que pueda arrinconarlos any time soon. De hecho, ya me he hecho a la idea de vivir con ellos. Pero mejor no los revelo, hay cosas que mejor guardarlas para uno mismo.

(PD. Imprescindible verla en V.O.)


Ayer escuchaba en la televisión una noticia sobre el inicio del juicio sobre los cuatro líderes del Jemer Rojo que todavían viven y que formaron parte del genocidio de Camboya. Escuchando algunas de las torturas que practicaban, y viendo su absoluta falta de emoción durante dicho juicio, mi marido dijo algo que creo que es muy cierto: “dudo que ningún animal pueda llegar nunca a tal grado de crueldad y maldad”.

Y  yo me pregunto, ¿con qué derecho utilizamos la palabra “animal” como un insulto? Terrible error semántico… En ocasiones pienso que ni siquiera somos dignos de compararnos con ellos…😦


Si alguna vez vienes a NY y quieres vivir una auténtica experiencia neoyorquina o, más concretamente, brooklynita, no tienes más que pedir un refresco Dr. Brown Cel-Ray. Desde 1868 se produce esta soda de apio que solo puedes encontrar en la ciudad de los rascacielos o, tal vez, en algunas zonas de Florida. O quizás en tiendas americanas en Israel.  En los años 30 se hizo muy popular entre la comunidad judía, lo que hace que algunos se refieran a este refresco como “champán judío”.

Bueno, a ver quién tiene valor para beberse semejante potingue…


Hace una semana más o menos recibí un regalo completamente diferente, algo que nunca antes nadie me había dado. Vino de manos de mi amiga Pat y está relacionado con su sinestesia: me regaló mi palabra favorita en español vista a través de sus ojos.

Lo sinestésicos tienen la habilidad tan poco frecuente (y científicamente probada) de asociar sensaciones que no se corresponden con los sentidos tradicionales. Así, por ejemplo, pueden oír colores, ver sonidos o degustar sabores con el tacto: las letras tienen un color, las superficies tienen un sabor, etc. Este fenómeno se debe -explicado de manera muy simple- a una conexión diferente a la tradicional entre distintas áreas del cerebro.

En fin, que me gustó tanto el regalito de Pat que he decidido compartirlo con todos vosotros. ¿No es bonito?

¡Muchas gracias, Pat!

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